jueves, 9 de febrero de 2012

EL HOMBRE QUE NO SABÍA ESCRIBIR MAL



Si un escritor ocupa un escalón de honor en mi ‘Olimpo particular’, ése es sin duda, José Luís Muñoz. Así que entenderéis la ilusión que me hace esta entrevista: tener la oportunidad de hablar de tú a tú con uno de tus autores de cabecera es un lujo de los que no se disfrutan todos los días. Y no es para menos, si te lees 15 ó 16 novelas de un tipo, y todas sin excepción te engancharon, los elogios están más que justificados. Sin ser un top ten de ventas, y así como sin hacer ruido, José Luís Muñoz acapara una buena cantidad de los galardones literarios más importantes del panorama nacional, (quizá le falte alguno de los más pomposos y mediáticos, pero que resulta que también son los que más huelen a podrido, los más dudosos, aquéllos cuya falta de transparencia roza el escándalo).

No estamos ante uno de esos autores que buscan las altas cotas de lo sublime, ni renovar el lenguaje literario, ni llevar al lector hasta la esencia de la naturaleza humana, ni chorradas por el estilo, más bien José Luís Muñoz es uno de esos escritores que se limitan a combinar una técnica y estilo insultantemente sencillos, con un talento innato y una imaginación desbordante; como el pistolero, que con toda la parsimonia del mundo, carga su arma, apunta y simplemente acierta en el blanco. Sin pretensiones, y con honestidad.  Sus historias nos atrapan, y funcionan, sin más.

Creo que fue el gran Juan Carlos Onetti, en un memorable arranque de narcisismo (a los genios, tenemos que perdonárselo) quien pronunció aquella frase de ‘es que no sé escribir mal’. Bueno, pues creo que a José Luís Muñoz le pasa algo parecido: no le saldría una novela mal, ni aunque se lo propusiera. Espero que esta charla sea del gusto de los lectores del salmantino, y sirva a los que aún no lo son, para descubrir a un gran talento de nuestras letras. Los autores están ahí para ser leídos, y la obra de José Luís Muñoz es un tesoro literario que bien merece la pena.

Bienvenido José Luís a mi humilde blog. Recién terminada mi lectura de Frontera Sur, me apetecía mucho mantener contigo esta pequeña conversación cibernética. ¿Cómo se ‘coció’ la novela?

Me fascinaba un personaje que había creado en una novela anterior, Mike Demon y creía que debía sacarle más partido. Él era el protagonista de Lluvia de níquel, mi novela sobre la enloquecida ciudad de Las Vegas. Había en esa novela una trama subyacente, una historia de pasión entre Mike Demon y una muchacha mexicana, Carmela, que estaba ahí, apuntada, y de eso va La Frontera Sur, de cómo una ciudadano medio, con un trabajo estable, una esposa y un hijo, lo pone todo en riesgo por una pasión que le arrastra hasta límites peligrosos y le hace entrar en contacto con una realidad hostil y completamente ajena. La Frontera Sur, como casi todas mis novelas, tiene muchas lecturas, pero si yo tuviera que resaltar una de ellas sería ésta: la peligrosidad de las pasiones amorosas que arrastran al individuo hacia territorios no deseados.

Parece que sientes predilección por los Estados Unidos y el continente americano como espacio novelesco (Mala hierba, Lluvia de Níquel, La caraqueña del maní,…). No sólo eso, la diversidad de ámbitos geográficos es una constante en tu obra, mientras que otros autores del género negro suelen ser cronistas prácticamente de una única ciudad…

 La búsqueda de escenarios ajenos tiene relación con mi pasión viajera. Prácticamente de cada viaje que hago me traigo una novela conmigo. Estados Unidos me fascina porque es el territorio genuino de la novela negra por su extensión inabarcable, la dureza de algunos paisajes, el individualismo de sus gentes, el desarraigo de sus habitantes que proceden de todos los lugares del mundo y necesitan urgentemente una cohesión entre ellos y lo encuentran en el patriotismo y en esa adoración extrema hacia su bandera que aquí, en Europa, no se entiende porque no lo necesitamos, nacemos y vivimos en países que tienen una historia profunda y nos sentimos más o menos arraigados en ellos. El pintor que mejor consigue plasmar ese estado anímico del que yo hablo en las dos novelas que Mike Demon protagoniza, que es el que me mueve a ambientar novelas en ese país, es Edgar Hopper. Sus cuadros, por otra parte bellísimos, subrayan la soledad del individuo.


La frontera entre las dos Californias, lejos de ser sólo un mero límite geográfico, marca la divisoria entre dos mundos opuestos. Del lado mexicano, la corrupción, la degradación institucional y humana en grado máximo. Pero del lado norteamericano, la podredumbre no es tan diferente, en cuanto escarbas un poco en el ‘maquillaje’, también apesta, ¿verdad?

Las fronteras son accidentes completamente artificiales. Se alardea del fin del muro de Berlín, pero en esa frontera entre Estados Unidos y México existe otro muro despiadado que separa un mundo de otro, el norte del sur, que comparten un mismo territorio, idéntico paisaje y, sin embargo, son antitéticos. Existe tanta corrupción y podredumbre a un lado y a otro de la frontera, menos visible en la vertiente norteamericana, más en la mexicana, pero que se retroalimentan. En esa línea divisoria artificial, y muchas veces letal, el norte canjea armas por drogas y mano de obra barata y clandestina. El resultado es la situación de violencia atroz que está viviendo México en estos momentos, una guerra civil que deja tantos muertos como las guerras de Irak y Afganistán y que está mal planteada por Felipe Calderón. Mi amigo Paco Ignacio Taibo II me la definió muy gráficamente: han metido un palo en el avispero y los insectos, enloquecidos, pican a todo el que encuentran por el camino. 

En Frontera Sur volvemos a encontraros con Mike Demon, protagonista de una de tus anteriores novelas, Lluvia de Níquel. Los paralelismos entre las dos obras son evidentes: coche, carreteras, y un tipo que conduce inexorablemente hacia su perdición, que pudiendo elegir otros caminos de salida, simplemente no puede parar…

Ese es uno de los grandes temas de la novela negra, la predeterminación, el camino que hacen los personajes hacia su perdición, como si una fuerza superior, contra la que no pudieran luchar, les llevase a ese callejón sin salida. En ese sentido digo siempre que la novela negra es hija directa de la tragedia griega con esos personajes que no pueden luchar contra un destino que parece escrito. Las dos, Lluvia de níquel y La Frontera Sur, son novelas de carretera, de moteles, de ambientes sórdidos, de personajes atrapados en la inmensidad de los paisajes o las ciudades, devorados por ellos. En las dos se habla del puritanismo, la competitividad, el individualismo, la religión del éxito, que son los motores que alimentan un país como Estados Unidos. Intento entender esa nación, que difícilmente se entiende y es tan compleja y contradictoria como su magma humano que procede de todo el mundo, a través de Mike Demon que se sitúa a la derecha de los republicanos, es racista, es un personaje que está precisamente en mis antípodas ideológicas.



Mientras leía ambas novelas, no podía dejar de pensar en otros títulos de tu cosecha, como Serás gaviota. La degradación humana ‘desde dentro’, desde las propias neurosis internas del individuo, está muy presente en tu obra…

Podemos ser nuestros amigos, y llevarnos excelente bien con nosotros mismos, o ser nuestros enemigos y abocarnos a la destrucción. Curiosamente hay un personaje en esa antigua novela que nombras, Serás gaviota, el tipo que se mata comiendo de forma compulsiva, que lo reproduzco en novelas posteriores, en La Frontera Sur, en el obeso mórbido que acompaña a Mike Demon en algunas de sus andanzas, creo que se llama Paulsen, o en Llueve sobre La Habana, un proxeneta que se llama Vlad. Casi siempre hay tipos gordos en mis novelas, y además se tiende a asociar gordura con bondad, y no es así. Yo siempre pienso en el inmenso actor que es John Goodman es sus caracterizaciones de villano. En el fondo hay un mensaje moralista en mi obra, muy enterrado, pero evidente: el descontrol de las pasiones, los desórdenes sexuales, alcohólicos o alimenticios llevan a la destrucción.

Frontera Sur contiene guiños para los aficionados al género, (y a tu propia obra), sin ir más lejos, el nombre del corrupto jefe de la policía de Tijuana, Fred Vargas, no puede ser una mera casualidad…

No es casual, en efecto. El Fred Vargas de La Frontera Sur es un tipo que me gusta tanto como Mike Demon, aunque sea su enemigo jurado. Los dos, moralmente, son detestables y peligrosos. El americana acaba resultando más que el mexicano. No tanto es un guiño a la escritora francesa, que sí, lo es, sino que pensaba en Vargas, Charlton Heston, en una de las obras maestras de Orson Welles que transcurre precisamente en Tijuana: Sed de Mal. La Frontera Sur es, también, una novela de ciudades enfrentadas y a tiro de piedra, Los Ángeles versus Tijuana.  Y las dos son escenarios perfectos para la novela negra.

La novela fue merecedora del IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad Carmona. A pesar de su corta trayectoria, gracias al gran nivel de las obras premiadas, el galardón ya es todo un referente en lo que se refiere al noir en lengua castellana…

En efecto. Es un premio consolidado que han ganado colegas y amigos personales como Antonio Lozano, Amir Valle o Guillermo Orsi. Es uno de los tres premios que hay en España dedicados a la novela negra. Los otros son el García Pavón y el RBA. Esa es una prueba más de la buena salud de la que goza el género, que nunca le ha faltado, creo yo, porque el negro es la novela social del siglo XX y XXI como no me canso de repetir, una herramienta que podemos utilizar para diseccionar el sistema y ver qué se esconde en sus tripas.

Y que decir de la gran labor editorial de Almuzara en este sentido. La colección Tapa Negra está siendo de lo mejorcito del panorama nacional (hasta podemos encontrar ciertos clásicos de la desaparecida Zoela).

Bueno, Nicole Cantó, la editora de Zoela estuvo una temporada vinculada a Almuzara, fue ella precisamente la que creó la colección Tapa Negra y, en efecto, ha recuperado a casi todos sus autores de Zoela, a Amir Valle, Antonio Lozano, Lorenzo Lunar...

Y premios la verdad es que no te faltan, puedes presumir de haber obtenido alguno de los más importantes: Tigre Juan, Café Gijón, Sonrisa Vertical, y un largo etcétera. Casi a premio por título…

Cuando algún autor que empieza me pregunta qué debe hacer para empezar a publicar siempre le aconsejo que acuda a los premios, quizá porque a mí, en particular, me ha ido muy bien con ellos. Un premio pone el foco sobre tu obra, la magnifica, consigue que la crítica, los medios y los lectores se fijen en ella. Y ya sé que, como todo el mundo sabe, existe una enorme corrupción en el mundo de los premios, que muchas veces se cometen flagrantes injusticias o veredictos tramposos, lo que podría ser el argumento de una nueva novela negra, sobre la corrupción en el mundo editorial, el cainismo de los medios de comunicación vinculados a los grupos editoriales, algo de lo que ya hablé, en clave de humor, en Lifting.

Dada la cantidad (y calidad) de novelas que has presentado en estos últimos tres años, no es difícil deducir que te encuentras ‘en estado de gracia’, literariamente hablando…

Gracias por esa apreciación, la de la calidad. Te diré que he pisado el acelerador, he comprobado mi fecha de nacimiento, he calculado los años que me pueden quedar por delante y he dividido por ellos el número de obra inédita que todavía no he publicado, y eso me ha producido estrés. Por otra parte sigo escribiendo nuevas novelas. Treinta y dos libros, que pronto serán treinta y tres, publicados parece ya una larga carrera, pero no hay meta y sigo corriendo, de forma incansable, hasta el último suspiro. El otro día leí una frase de Paul Auster que hago mía: Escribir no es una terapia, es una enfermedad. Yo a veces he creído que era una terapia, pero debo de seguir enfermo puesto que no me curo y sigo escribiendo. Sin la escritura, y te lo digo con toda sinceridad, mi vida no tendría sentido, es el oxígeno que me ayuda a respirar. Cuando deje de escribir es que habré muerto.

Uno no siempre puede leer al ritmo que quisiera: mientras escribo estas líneas, te confieso que todavía no les he podido echar el guante ni a Marea de sangre, ni a Llueve sobre la Habana. ¿Qué nos vamos a encontrar los lectores entre sus páginas?

Son novelas completamente diferentes entre sí, como lo son casi todas las mías. Hay autores que escriben siempre la misma novela; a mí me gusta estar cambiando constantemente de registro y de estilo. Marea de sangre es una novela premonitoria de esa gran burbuja inmobiliaria que nos acaba de estallar y ha dejado el país hecho una ruina. Eso venía de muy lejos. Es una novela de un perdedor, como no podía ser de otra forma saliendo de mí, de un gris sargento de la policía municipal de un pueblo costero que se mete en camisa de once varas y se pone a desentrañar por su cuenta y riesgo una oscura trama de corrupción urbanística y política con extraños suicidios por el camino. Llueve sobre La Habana es una novela sobre el fracaso sentimental y humano de su personaje principal, el instructor Rodríguez Pachón, una novela sobre la soledad y el envejecimiento, que se traslada al régimen cubano, una gerontocracia de los Castro que se aferran al poder y mantienen el cadáver de una revolución con arteriosclerosis que deberían haber puesto al día. Es mi visión de la isla por antonomasia. Y del pueblo cubano, una raza de resistentes que sobreviven en la penuria y hasta consiguen ser felices. Es tan vital como mortuoria, es tan sexual y alegre como triste. Hay pasajes en los que creo que el lector se puede desternillar de risa, como la historia del perro ciego, y otros en los que puede llegar a llorar, como cuando ese viejo policía castrista se enfrenta a su soledad en su piso de mierda.




Creo que tu mejor logro literario es sin duda la trilogía de la Pérdida del Paraíso (Guanahani, El Fuerte Navidad, y Caribe). Seguro que para muchos de tus lectores es el gran punto de inflexión, un antes y un después. ¿Compartes esa percepción?

 En efecto. Además fue mi mejor experiencia literaria porque hice un viaje al pasado en toda regla en los 365 años que tardé en escribirla. La novela histórica, aunque tiene un coste muy alto porque la tienes que documentar, y eso es tiempo, lo más preciado que hay en esta vida, es una experiencia sumamente enriquecedora. Sin duda es mi novela preferida, la que he disfrutado más escribiendo. Viví inmerso en esa ficción y creo que eso el lector lo capta. Y quiero repetir la experiencia, esta vez con el México que se encontró Hernán Cortés, una novela épica como La pérdida del Paraíso que estoy a punto de cerrar.



Pura curiosidad: ¿cuál es tu título más vendido?

Sin duda alguna fue Pubis de Vello Rojo, seguramente porque ganó el Premio La Sonrisa Vertical. Creo que se vendieron unos 30.000 ejemplares y se han hecho tres ediciones. Durante muchos meses figuró en la lista de libros más vendidos del país.

¿Te planteaste alguna vez crear una serie negra? Siempre pensé que Barcelona Negra y La precipitación iban a ser el comienzo de una saga: esa Barcelona apocalíptica, esos dos policías tan macarras, cuyo nombre no recuerdo, (lo más parecido que vi nunca a Sepulturero y Ed Ataúd), es que todos los ingredientes…



La verdad es que no me lo planteo. He escrito algo que podría ser una versión nueva de Barcelona Negra, pero con otros personajes y un escenario más futurista, pero permanece inédita de momento. Sí, esas dos novelas que nombras tenían muy mala leche ambas, y los personajes eran de cuidado. No lo descarto ya que me lo recuerdas.


Empecé a interesarme por tu obra, porque eras uno de esos escritores que todos los años, y sin excepción, presentaban novela en la Semana Negra de Gijón, cuyo futuro es cada día más incierto que nunca, por cierto: ¿ganarán la batalla esas ‘fuerzas del lado oscuro’ empeñadas en cargarse nuestro querido festival?

Pues parece que le tienen ganas, y además era una batalla que venía de lejos, y es una lástima, para el género y para la ciudad de Gijón. Desde luego sería muy lamentable perder ese festival de referencia que es único en el mundo y capitanea el incansable Paco Ignacio Taibo II, pero como los dos conocemos al personaje y sabemos que no dará su brazo a torcer, seguramente habrá festival en algún lugar con el mismo espíritu de esa mágica Semana Negra que yo asocio a mi carrera literaria, porque realmente fue allí en donde se produjo mi bautismo hace más de veinte años.

¿Lo mejor que has leído últimamente? (3 ó 4 títulos)

Verano de Coetzee. El premio Nóbel sudafricano figura entre mis autores favoritos, me gusta todo lo que escribe. Y Verano es una autoparodia muy divertida, se ríe a carcajadas de si mismo y de su fama de aburrido. Dublinesca de Vila-Matas, porque es otro de mis autores fetiches, devoro todo lo que escribe, lo siento cercano porque sus territorios literario sentimentales están próximos. Leí Frío de muerte, la última novela de Manuel Nonídez, con la que ganó el García Pavón y me pareció espléndida. Y acabo de leer la novela póstuma de Carlos Pérez Merinero, La niña que hacía llorar a la gente, que se acaba de morir hace unos días y es una gran pérdida humana y literaria. Era un tipo que iba contracorriente en el género. Me gustaría leer mucho más, pero realmente no tengo tiempo.

Si echamos un vistazo a tu blog La soledad del corredor de fondo, descubrimos a un tipo no sólo lector empedernido y amante del arte en general, sino a un auténtico viajero (que no turista), a un trotamundos vocacional. ¿Alguno de  tus mejores recuerdos en este sentido?

Instantes que intento plasmar en mis fotografías. Pero sí, tienes razón, los viajes me alimentan como persona y escritor. Quizá el viaje a Birmania, por toda una serie de circunstancias, porque lo hice con una buena viajera, la ideal, alguien muy parecido a mí, haya sido uno de los mejores, o el mejor, con visiones que me llevo y están ahí en mi cabeza, prestas a resucitar mediante el recuerdo, como la de un puente de teca durante la puesta de sol, mágico, indescriptible, o el atardecer en Bagán, con cientos de estupas sobresaliendo en una llanura inmensa entre nubes de polvo. La belleza de Birmania me dejó muy tocado. No creo que encuentre un país más hermoso que ese. Pero seguiré buscando y viajando.

Gracias por tu tiempo, supongo que tu teclado estará echando humo y ya le estarás metiendo caña a la próxima novela, si es que no la has terminado ya, cuenta, cuenta…

Bueno, si nada se tuerce pronto saldrá una novela muy especial ambientada en Tailandia: Patpong Road. No es una novela negra, en el sentido de que no hay una historia criminal, sino que es una novela existencial, una reflexión sobre la vida cuando ésta se acaba. Y de un viaje a La Graciosa, una isla canaria diminuta pero de una belleza sin par, me he llevado una historia que estoy escribiendo, Los crímenes de La Graciosa, aunque seguro que en esa isla de quinientos habitantes, playas, sol y dunas barridas por el viento nunca hubo un crimen ni espero que lo haya.



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